Breve referencia sobre los Órdenes del Amor


El primer orden es la “vinculación”

Cada ser humano tiene la necesidad de estar vinculado. El niño siente la vinculación como amor y felicidad, no importa de qué manera se crece y en qué circunstancias y no importa cómo son los padres. El hijo sabe que pertenece y ese saber y ese vínculo lo percibe como amor, regocijo y cercanía. Uno tiene que ver el poder de esa vinculación, porque por ese amor el hijo es capaz de sacrificar su vida. Este tipo de amor capaz de sacrificar hasta la propia vida, es ciego, potente, ingenuo, inconciente, incondicional y no ve. Lo que no ve es el amor con que lo aman aquellos por los cuales se sacrifica. Lo que sana es que el hijo reconozca, vea ese amor con que es amado. Cuando esto pasa y el hijo ve este amor, puede salir del amor ciego y pasa a un amor que ve, llamado amor lúcido, con el cual comprende y respeta el destino de los otros y se retira de su implicancia. Conserva la vinculación y la pertenencia al sistema tomando y respetando su propia vida y destino, sin necesidad de compensar inadecuadamente algo de su pasado familiar.

Vínculo

Es el lazo invisible, significativo, permanente e indestructible que une a las personas cuya relación de intercambio o de hecho que las ha unido en la vida, fue lo suficientemente significativa como para convertir –categorizar- la relación en vínculo: sexualidad, hijos, abortos, estafas, explotación, violación, asesinato, crianza, mala praxis, noviazgos, contribuciones al propio crecimiento (maestros, profesores, algunos amigos, países, animales, etc). Se forman vínculos donde no hubo relación por ejemplo, identificaciones inconscientes con miembros excluidos del sistema y con todos los antepasados consanguíneos aunque no los hayamos conocido.

Relación

Intercambio de dar y tomar entre dos personas, cuyo equilibrio mantiene viva la relación. Esta se interrumpe o termina por desequilibrio, muerte o separación, mientras que el vínculo –si lo hubo- continúa. El vínculo es distinto de la relación. El primero permanece, persiste más allá de la muerte, más allá de cualquier circunstancia. La relación puede interrumpirse o terminarse.

Implicancia

Es un desorden y es el modo particular en que un postgenito se enreda total o parcialmente con sucesos del pasado familiar, comprometiendo el desarrollo de su vida y su propio destino, con el destino y lugar de otros anteriores de su familia.

El lugar en el sistema

Cada uno tiene un único y preciso lugar en el sistema al que pertenece. Cuando cada uno que pertenece está ubicado en su propio y correcto lugar, el sistema está en orden y armonía. Estar corrido a otro lugar puede corresponder a una compensación necesaria para el sistema, pero a la vez inadecuada. Es una “arrogación”, va junto con la implicancia y genera desorden, tensión y desdicha para el implicado. También puede acarrearle problemas de autoestima pues no se encuentra a su propia altura en comparación a la de sus mayores. Cuando finalmente ocupamos nuestro correcto lugar en el sistema de origen, también encontramos nuestro correcto lugar en otros sistemas de pertenencia, en otros sistemas temporalmente posteriores y encontramos también nuestra propia fuerza.

Jerarquía temporal

El lugar que cada uno ocupa en el sistema sigue un orden en el tiempo que corresponde al hecho de su concepción o llegada al sistema. Podemos trazar una línea vertical para ubicar de mayor a menor los tatarabuelos, bisabuelos, abuelos, padres e hijos.

Otra línea horizontal trazamos para ubicar a los hermanos por orden de concepción, esto incluye a los nacidos y no nacidos.

El segundo Orden es el “equilibrio” entre dar y tomar

Todos los sistemas humanos tienen la tendencia y la necesidad de equilibrar. Esto es una ley natural y se muestra en relaciones como la necesidad de dar y tomar. Hay que diferenciar: el intercambio entre hombre y mujer, en pareja es distinto, al intercambio entre padres e hijos. Una pareja tiene la necesidad de equilibrar entre dar y tomar. Pero en la relación entre padres e hijos no se puede lograr el equilibrio de la misma manera. Pues los padres dan y los hijos toman. Los hijos nunca pueden dar a los padres, lo que ellos recibieron. Porque el equilibrio tiene que ver también con el tiempo y el orden sigue a una jerarquía. Aquellos que vinieron antes, dan a aquellos que vienen después. Esto vale también en la fila de hermanos.

Padres e hijos

El hijo equilibra lo recibido de sus padres, cuando pasa la vida a sus hijos y da a sus hijos lo que tomó de sus padres. Si no hay hijos propios, puede haber adoptados o sustitutos como alumnos, pacientes, beneficiarios, obras, etc. El hijo cuida de sus padres cuando éstos envejecen y necesitan ayuda, desde su lugar de hijo, guardando el orden y respetando la jerarquía y dignidad de sus mayores.

Entre pares

Dar y tomar guardan su equilibrio en base a compensaciones y retribuciones entre el dar y el tomar: se da un poquito más de lo que se ha tomado. Cuando este movimiento es creciente y positivo –cosas buenas-, la relación se mantiene viva, en estado de satisfacción, crecimiento, logro, felicidad. El intercambio de cosas negativas también requiere su equilibrio para que la relación continúe, solo que se da un poco menos de negativo de lo que se ha tomado. El que no da y sólo toma, pone en peligro la relación. El que sólo da y no es capaz de tomar, pone en peligro la relación. Un desequilibrio tal, genera enojo y lleva a la ruptura de la relación.

Tomar es distinto de recibir. Tomar es activo. Recibir es pasivo. Para entender la diferencia: imagen del bebé tomando teta. Activamente toma lo que es para él, lo que le corresponde, lo que necesita y está diseñado para él por la naturaleza. Si tomó más de lo que necesitaba en ese momento, lo devuelve y la mamá lo respeta. A diferencia de lo que sería un bebé con la boca abierta debajo de la teta esperando que caiga leche en su boca abierta.

Lo que a uno le corresponde por derecho y lugar, lo puede o debe tomar activamente, si es que el otro tiene para darlo. Si no lo tiene, revisa el propio deseo, asiente a la realidad tal cual es y puede optar por la renuncia como solución, según cada caso.

Cuando uno quiere dar solamente, sin tomar: se queda en la posición de tener pretensión. Esta actitud se encuentra en personas que trabajan en ámbitos de ayuda. Ellos dan, pero no quieren tomar. Cuando uno se niega a tomar quiere guardar su inocencia. De esta manera se siente sin obligación y superior a aquellos que toman.

El tercer Orden son las “normas y reglas del grupo”

En todas las relaciones se desarrollan normas, reglas, rituales, convicciones, convenciones y tabúes, que tienen valor para todos. De esta manera se estructura una relación a un sistema con órdenes y reglas. Estos órdenes son conocidos y visibles, pero detrás de estos actúan órdenes invisibles, ya anticipados que no se dejan negociar. Resumiendo: se puede decir que hay tres necesidades elementales que son necesarias para lograr una relación y la conciencia está al servicio de las tres: vinculación, equilibrio entre dar y tomar, y las normas-reglas-valores de grupo. Una relación tiene éxito solamente si estas tres condiciones están ejecutadas a la vez. No hay vinculación sin equilibrio entre dar y tomar ni sin reglas. No hay equilibrio sin vinculación y reglas; no hay reglas sin vinculación y equilibrio.

La Pertenencia

Está en relación a las tres anteriores. Es un derecho, un sentimiento de bienestar que se experimenta por la interrelación de las tres condiciones. Se experimenta también como cobijo y cercanía, amparo. Las lealtades a las normas de grupo, a los padres, a otros integrantes de la red juegan un papel decisivo en este sentimiento de pertenencia.

Lealtad

La lealtad es constitutiva en el ser humano. Somos leales a nuestro sistema de origen, este es un sentimiento muy primario; de pertenecer a ese sistema depende nuestra subsistencia. Las lealtades dan pertenencia. Para vivir en una cultura es necesario sentir que pertenecemos y que nos demuestran que nos aceptan, es decir que la pertenencia deber circular en ambos sentidos. Esto a veces hace que por honrar lealtades de nuestro sistema primario se nos dificulten los vínculos fuera de éste. Las lealtades a nuestra familia de origen son muy fuertes y determinantes a la hora de formar parte de nuevos sistemas.

Un GRAN ORDEN referido a la Exclusión/Inclusión dice que TODOS aquellos que formaron parte de la historia familiar tienen el mismo derecho a pertenecer. La pertenencia no es una cuestión de mérito, ni está sujeta a enjuiciamientos o deseos personales.


// Bibliografía consultada:
· “El manantial no tiene que preguntar por el camino”. Bert Hellinger. Ed. Alma Lepik.
· Apuntes de la formación ‘COOCOA’ (Con otros ojos con otro amor). Lic. Liliana Inglese.