Es importante saber que estos talleres se realizan desde un lugar de profundo respeto y humildad, no sólo ético y profesional sino también personal,  respecto de las situaciones individuales y familiares que allí se traten.

No son necesarias muchas palabras, no es necesario que él/la consultante transmitan mucha información acerca de su problema. Apenas con unas pocas frases se puede iniciar y desarrollar una constelación, y en otros casos puede ocurrir que se inicie y se despliegue casi sin palabras.

Cómo se desarrolla:

En un espacio medianamente amplio se disponen las sillas en círculo para que los participantes se sienten allí. El espacio dentro de ese círculo va a ser el campo en el que va a desplegarse la constelación.

La persona que consulta plantea su problemática (dificultades en la relación con sus padres, hijos, de pareja, en el trabajo, profesión, etc.), con un relato breve, en el que tan sólo importa la información esencial. Luego, el/la coordinador/ra del taller le pedirá que elija entre los participantes representantes para espacializar la situación, ubicándolos en el espacio dentro del círculo de sillas.

El/la coordinador/ra observará conjuntamente con el/la consultante la ubicación de los representantes, explicará algunas cuestiones- si es necesario- y de esta forma comienza a desplegarse la constelación.

Lo que circula en un taller de Constelaciones Familiares es una intensa energía emocional y afectiva, producto del despliegue de la situación planteada por el consultante. Este despliegue de esa situación, muestra las trabas, enredos y confusiones de esa energía emocional y afectiva en las dinámica vinculares de la persona que consulta, dándonos información que posibilita ordenar esas energías, y de esa manera, poder encontrar posibles caminos de solución.

En un taller se puede participar de tres maneras diferentes:

  • Como consultante: exponiendo un asunto que le preocupe o que quiera solucionar.
  • Como representante: La persona que es elegida por un/a consultante para representar algún integrante de su sistema familiar, no tiene que hacer una dramatización, ni interpretar, ni opinar sobre la situación, tan sólo tiene que dejarse sentir sensaciones corporales básicas (incomodidad, inquietud, frío, calor, tensión en algún sector del cuerpo, etc.), ya que es a través de ella como se transmite la información del campo vincular familiar con el que se está trabajando. También puede negarse a hacerlo, pero lo más recomendable es que acepte y experimente esta vivencia, esta posibilidad de dar un servicio a otra persona, ya que también tendrá la posibilidad de ampliar su comprensión de las relaciones humanas, encontrando seguramente alguna información que le sea de ayuda para su propio sistema familiar.
  • Como participante: observando y ayudando a contener con la sola presencia, empatía y respeto profundo por todo lo que se muestra de las problemáticas vinculares del consultante, aquello que va ocurriendo durante el transcurso de la constelación.

El camino hacia lo nuevo, lo propio, lo pleno requiere de un trabajo de reconocimiento e integración de todo lo que conforma nuestras vidas: nuestros ancestros, nuestros padres, y de todas nuestras relaciones en general (laborales, parejas, hijos, etc.).

Muchos de los problemas que nos dificultan esta tarea se deben a que nos aferramos a lo cercano y a lo estrecho. Miramos cualquier problema desde una perspectiva acotada, incluyendo sólo lo obvio y dejando escapar todo el entorno que también forma parte del problema. Perdemos de vista que lo estrecho y cercano están en íntima relación con lo más vasto y amplio y que la solución pasa por salirnos de ese lugar, moviéndonos hacia lo más lejano. Ese movimiento lo realizamos en sintonía con nuestra historia, con nuestros orígenes y con nuestro presente, asintiendo a nuestra vida tal cual es.

Mediante las comprensiones que alcanzamos de esta forma crecemos más allá de los límites de nuestra conciencia, de nuestra percepción.

Las Constelaciones Sistémicas Familiares son una potente herramienta que nos posibilita realizar este movimiento ordenador, en sintonía con los diferentes aspectos de nuestras vidas, reconociéndolos e integrándolos, logrando así que el amor ciego y detenido que dificulta nuestras relaciones, se transforme en un amor que reconoce e incluye, volviendo a fluir ordenadamente, ampliándose y creciendo cada día.

– Lic. Miguel Angel Zanetti. Psicólogo (UBA)